sábado, 15 de febrero de 2014

Yo, ordenador, Madrid.

Ocurrió un lluvioso 5 de Septiembre de 1992. Con el dulce sabor que nos dejaron a todos los JJOO de Barcelona celebrados semanas antes, comenzaba una nueva temporada de Liga. Eran otros tiempos. La primera jornada se disputaba normalmente el primer fin de semana de Septiembre, y finalizaba en mitad del caluroso mes de Junio. Eran años de cambio para nuestro anticuado fútbol. Tras el fracaso que supuso no clasificarse para la Eurocopa a celebrar en Suecia ese mismo año, la selección triunfó en los JJOO con un equipo convenientemente formado para ganar medalla. Tras Vicente Miera, Javier Clemente comenzaba su turbulenta etapa como seleccionador. El sábado a las 21:45, fútbol por la tele. Y el domingo, a las 19:30, tocaba distinguir jugadores codificados en Canal +. Eso era todo. El resto del fútbol, lo componía el gran Jose Maria García y sus trifulcas nocturnas, el Marca, y la Don Balón.

Yo tenía 8 años, camino ya de los 9. Mi relación con el fútbol se basaba puramente en los partidos con mis amigos en verano, y los cromos que intercambiaba camino al colegio, como quien colecciona minerales con el Mineranova. El mundo era juego, diversión, tranquilidad y felicidad en el Avilés de la primera reconversión industrial de finales de los 80. Ni siquiera parecía importante en mi pequeño mundo el hecho de que, uno de esos cromos que coleccionaba, se trataba del cromo del equipo de mi ciudad, por entonces en Segunda División.

Ese 5 de Septiembre estaba cenando. Era domingo y apuraba mis últimas días de vacaciones. El ritmo pausado con el que daba buena cuenta de la sopa hacía que hasta una mosca me entretuviese. Mi familia estaba ya con los yogures y natillas, mientras veían la televisión que comandaba el salón, en donde emitían el telediario de TVE. El presentador pasó a repasar la quiniela de la jornada. Aquello no me importaba ni lo más mínimo. Sin embargo, todo cambió cuando escuché la frase final: "Y en el pleno al quince, eibar sestao equis". Eibar - Sestao, X. Eibarsestao. Recuerdo que pregunté a mi padre que significaba esa extraña X. Cuando me lo explicó, no pregunté en ningún momento que era aquello de Eibarsestao. Supuse que, con el paso de los años acabaría por enterarme. Esa noche los playmobil y los Gi-Joe pasaron a un riguroso segundo plano. Aquel eibarsestao pareció lo suficientemente seductor, a la par que misterioso, para un niño de 8 años.

Casi 22 años después, en este frío mes de Febrero de 2014, abro un blog para intentar explicar todo lo que descubrí tras aquel primer recuerdo futbolístico. Aquello fue el punto de inflexión de muchos años en los que mi sapiencia futbolística era objeto de admiración para todo ser adulto ("Se sabe el estadio del Lemona!"). Así que, antes de que Carlitos en Cuéntame acabe pisándome la historia, voy a tratar de relatar esos puntos de inflexión que mas me han marcado a los largo de estos años. Los goles. Desde Nayim hasta Lobera, pasando por Iniesta y Ramos (Lorca). Esos momentos épicos de locura transitoria. Todo lo que descubrí tras aquel partido norteño de Ipurúa entre el anárquico Eibar de la época y aquel Sestao industrializado.



P.D: Sorprendentemente, hace unos minutos, revisando la fecha del partido, descubrí que el 0-0 solo existió en mi memoria. Realmente fue un 0-1 victorioso del Sestao en el minuto 87. Un gol épico en los minutos finales. Precisamente.

3 comentarios:

  1. La belleza es subjetiva, como el resultado de un partido de fútbol. Una sucesión de números separados por un guión puede ser al mismo tiempo gloria y desánimo, cima y profundidad.
    La que no es subjetiva es la calidad con que son contados y eso se mide se sensaciones y sentimientos.

    Larga vida a los recuerdos, sonrisas y melancolías varias producidas por tus textos. Felicidades por la belleza desde lo más subjetivo de mi crítico, objetivo e inconsciente subconsciente.

    Eres magia.

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  2. Ante semejante maravilla de comentario no me queda otra que teclear aplaudiendo, de pie, un soberano GRACIAS con letras tamaño cartel de Hollywood. O eso o una sonrisa. Quizá las dos. Puro arte y belleza cada palabra.

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  3. Pues no me sabía el estadio de Lemona. Siempre se aprende algo nuevo.

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