miércoles, 5 de marzo de 2014

Geli, Herrera, Dortmund.

16 de Mayo de 2001. Cumplíamos un mes. Exactamente un mes desde que nos conocimos en el soleado y caluroso mes de Agosto madrileño. Fue una fecha extraordinario, una exaltación del amor de los primeros días. Aquel que te hace vivir en una nube cada minuto y cada segundo de tu relación. Y fue hacia medianoche, mientras apuraba mis últimos minutos con ella arropándola en su cama cuando me dijo que había sido un día absolutamente maravilloso. “Si, para mí ha sido como aquel Alavés - Liverpool”, le dije. Nunca lo entendió.

Dortmund era el lugar elegido. El Westfalenstadion, con su maravillosa Südtribüne, como escenario de la obra maestra. La final de la Copa de la UEFA de 2001 como cartel, aún con esta competición en periodo de adaptación, dada su reciente unificación con la mítica Recopa de Europa. Tras las bambalinas, dos contendientes. Por un lado el glorioso Liverpool, el club inglés por excelencia. 4 Copas de Europa y 18 Ligas les contemplan. Heysel, Shankly, You’ll never walk alone, The Beatles y The Kop. Por el otro lado, El Glorioso. Sin más. El Deportivo Alavés, llegado directamente desde las catacumbas de 2ªB, dejando en la cuneta al Inter de Milán. El festival de Jazz, Quincoces, Rioja y Almudena Cid. Los reds contra el equipo que estrenaba camiseta aquel día (la cual estuvo a punto de no llegar a tiempo al estadio). 

Y a las 20:45 comenzó la mas bella de las batallas. Nunca lo consideré un David contra Goliat. Tampoco la enésima tragedia griega. Simplemente fue el Alavés - Liverpol. El partido de los partidos. Comenzó marcando Babbel nada mas empezar el partido. Amplió la cuenta un jovencísimo Gerrard en un contragolpe. Acortó distancias por vez primera el recién salido Iván Alonso. Amplió McAllister tras un error de Martín Herrera, y nos fuimos al descanso. 3-1. El partido estaba precioso. Era como esa noche de verano junto a tu novia viendo que el reloj avanza, pero no pasan los minutos. Y en un beso, Javi Moreno hacia dos goles para empatar el encuentro. 3-3. Robbie Fowler anotaba el 4-3 cuando toda España era albiazul. Y fue entonces, tras un escandaloso penalti no pitado, cuando la esperanza se dirigió hacia la cabeza de Jordi Cruyff, quien transformaba en milagro aquel balón. Ni siquiera Cruyff podía faltar aquella noche, reencarnado en su hijo. El Alavés era el Ave Fénix resurgiendo de sus cenizas.

La euforia estaba desatada. Millones de manos a la cabeza en todo el mundo, incrédulas ante lo que estaban viendo. Estoy seguro que más de un seguidor red habría firmado perder aquel partido y aplaudir al Alavés. Era histórico. Y siguió siendo histórico incluso cuando el gran Antonio Karmona, ex-jugador de Eibar y Sestao, derribó a Smicer. El Alavés se quedaba con nueve artistas sobre el campo para defender la falta y llegar a la lotería de los penaltis. Estábamos a punto de presenciar el final de la mejor obra de Shakespeare no escrita por Shakespeare. Delfí Geli reencarnado en Hamlet cabeceaba en su propia portería y marcaba. 5-4, gol….de oro. El partido finalizaba de la forma mas cruel posible. Alegría desmedida por un lado. Tristeza desmedida por el otro. Antonio Karmona, 32 años, de Bermeo, llorando como un niño ante las cámaras de televisión. Todo el mundo era del Alavés. La modestia por bandera, la humildad y el sacrificio en su más puro estado. Era el epílogo más sorprendente para una obra épica. 116 minutos de melancolía, modestia, grandeza, valor, garra, fuerza o coraje. La obra perfecta.



Las lágrimas de Karmona no eran por perder la final. Karmona lloraba porque él, un trabajador del futbol, salido del barro, nunca iba a jugar otra final. El periodista que le estaba realizando una entrevista ni siquiera supo que decir tras oír las palabras de Karmona. Era imposible no soltar una lágrima al escuchar a aquel fornido defensa razonar de esta manera la forma de perder aquella final. Ni siquiera recuerdo a McAllister levantar aquella copa, tan solo las lágrimas de Karmona.

Al oír la frase antes mencionada, mi novia se giró repentinamente en su cama y tras hacer un chasquido de insatisfacción me dijo el clásico “Ya estás otra vez con el fútbol”, a modo de despedida. Cerré la puerta de forma suave y sonreí. Aquella frase había sido el gol de Geli. Un gran día.


2 comentarios:

  1. Me encanta tu blog, grandes artículos. Te interesaría colaborar con infodeporte5.blogspot.com.es?

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  2. La alegría que nos quito el fútbol en Dormunt esa triste noche, nos le devolvio una alegre tarde de primavera endedel 2014 en un campo donde el Glorioso inicio el camino hacia Europa

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